miércoles, 25 de julio de 2012

AMOR POR CHANTAJE cap 29


—No sé de dónde has sacado la idea de que yo pudiera tener algún tipo de relación con Gimena; te aseguro que nada podría ser más imposible.

Encima se atrevía a mentirle con esa desfachatez.

—¿De verdad? —le preguntó mordazmente—. ¿Entonces a qué fuiste anoche a Londres?

—Me temo que eso no puedo contártelo —no quería decirle nada hasta que todo estuviese atado y bien atado, por si acaso algo salía mal—. Pero te prometo que no tiene nada que ver con Gimena.

Lali se separó de él con desprecio.

—No te creo. El día de nuestra boda Gimena me dijo que tú la querías; me provocó para que te lo preguntara. Y últimamente se ha ocupado de confirmarme que vuestra relación continuaba. No sé a cuál de los dos odio más; me imagino que a ti porque ella nunca me gustó pero tú… tú…

Hizo una pausa y respiró hondo. Ya no había razón para seguirle ocultando lo que había sentido por él durante toda su vida. Después de todo, seguro que se había dado cuenta de lo enamorada que había estado de él cuando era solo una adolescente.

Con repentina decisión, lo miró fijamente a los ojos y habló con el corazón en la mano.

—Yo te adoraba, Peter. Te puse en un pedestal… Creía en ti y tú… —tuvo que parar con el fin de no dar rienda suelta a sus emociones—. Aparte de perder a mis padres, nunca he sufrido tanto como cuando me enteré de que me habías engañado, que no eras la persona que yo creía.

A veces pensaba incluso que había sido aún más duro que la muerte de sus padres porque al menos estaba segura de que ellos la habían querido con toda su alma; pero con Peter nunca tuvo ese consuelo.

—¿De verdad crees que podría haber traicionado la confianza de tu padre de esa manera?

—El amor puede hacemos traicionar todo lo demás —aquello estaba despertando muchos recuerdos dolorosos que prefería haber mantenido dormidos—. Lo que no consigo entender ni perdonarte es que estuvieras dispuesto a casarte conmigo solo por la empresa, estando enamorado de Gimena. Y que me mintieras de ese modo… Porque me mentiste, ¿verdad, Dracco?

—Sí —admitió él sin atreverse a mirarla—. Te mentí, pero no en lo que tú piensas.

Oyó un grito ahogado y, al darse la vuelta, no vio más que su sombra desapareciendo por el pasillo.

Era una completa imbécil, de otro modo no se entendía que siguiera sufriendo tanto por él. Corrió instintivamente hasta la rosaleda en busca de tranquilidad.

¿Cómo podía amar a un hombre capaz de mentir con tal impunidad? Pero era así, lo amaba y nunca había sido de otra manera.

«¡No!» No podía ser cierto, aunque una punzada en el corazón le decía que sí, que todo aquello era real.

Peter torció el gesto; no sabía si ir en busca de Lali y hacerla escuchar lo equivocada que estaba, pero seguramente no lo escucharía. Pensar que la estaba obligando a quedarse con él no hacía que se sintiera nada bien; no quería tenerla en su vida si ella no lo deseaba; ni en su vida ni en su cama.

Sonó el teléfono y, al contestar, Peter se dio cuenta de que debía concentrarse en lo que le estaban diciendo y dejar de pensar en Lali aunque solo fuera un minuto.

Un coche que ella no conocía se paró en la puerta de la casa; pero sonrió al ver que se trataba de David Bryant, el abogado de Peter.

—¿Qué tal está su mujer? —le preguntó cuando él estuvo a su lado.

—Pues muy embarazada —dijo riéndose—. Al menos ya no le queda mucho para dar a luz. Quiere que Peter sea el padrino del niño; es que vuestra historia le parece muy romántica. Espero que no te moleste que se lo contara —añadió al ver que Lali estaba muy seria—. A mí me lo contó mi madre. Ella le tenía mucho cariño a Peter y le encantó que él fuera a pedirle consejo a mi tío después de la muerte del señor Vazquez. Mi tío sabía que tu padre le había hecho prometer a Peter que no te diría lo que sentía hasta que cumplieras los veintiún años. Pero claro, la muerte de tu padre había cambiado mucho las cosas y necesitabas que alguien te ayudara. Por lo visto mi padre le aconsejó a Peter que se casara contigo para poder protegerte —continuó la historia eludiendo mirarla—. Mi madre siempre creyó que habías huido porque te había sobrepasado el miedo y los nervios de la boda… pero para Peter debió de ser muy duro perderte de aquel modo queriéndote como te quería.

En su voz se podía percibir un ligero tono de crítica hacia el comportamiento de Lali.

—Al menos todo se ha arreglado entre vosotros. Mi madre dice que estaba segura de que os reconciliaríais… Bueno, ¿está Peter en casa? —preguntó de pronto algo avergonzado, tenía la sensación de haber hablado demasiado.

A Lali le daba vueltas la cabeza como una peonza; lo único que pudo hacer fue asentir y ver cómo se alejaba David camino de la casa.

Peter se levantó de la mesa de su despacho después de varias horas pensando en el pasado; eso era todo lo que había hecho desde que se había marchado David: pensar en el pasado y en el futuro. Había acabado haciendo una lista de los pros y los contras que podría encontrar Lali para decidir si seguir con él o no. Al final estaba claro que si pensaba desde su perspectiva, lo mejor sería dejarla marchar, permitir que tomara sus propias decisiones con total libertad.

En cualquier caso, lo que era obvio era que tenían que hablar y que no podían seguir retrasándolo por más tiempo.

La encontró en su antiguo dormitorio, sentada junto a la ventana como solía hacerlo cuando era casi una niña. Al oírlo entrar se volvió a mirarlo, parecía tranquila.

Había ido allí directamente después de su conversación con David Bryant, se había movido como en un sueño, necesitaba un refugio donde pensar en lo que había oído. Lo que le había contado el abogado había cambiado por completo su perspectiva de la historia.

No le resultaba extraño que su padre se hubiera dado cuenta de sus sentimientos por Peter, de hecho ella nunca había hecho nada por ocultárselos. Pero lo que había insinuado David de que Peter la amaba y la había amado ya entonces…

«Pregúntale si hay alguna mujer a la que quiera», esas habían sido las palabras de Gimena el día de su boda, y eso era exactamente lo que había hecho ella, y Peter…

¿Sería posible que hubiera malinterpretado su respuesta? Quizás la persona a la que se había referido Peter no era Gimena sino ella. Solo con plantearse tal posibilidad el corazón de Lali había dado un salto dentro de su pecho.

—Lali.

Respiró hondo y lo miró en busca de sus ojos, intentando encontrar en ellos alguna pista que le indicara qué era lo que sentía; pero no había nada. Tendría que confiar en su intuición.

—¿Por qué te casaste conmigo, Peter?

1 comentario:

  1. Lina (@Lina_AR12)25 de julio de 2012 21:45

    AY!Vamos alguno interprete algo bien!

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