—No sé de dónde has sacado la idea de que yo pudiera tener
algún tipo de relación con Gimena; te aseguro que nada podría ser más
imposible.
Encima se atrevía a mentirle con esa desfachatez.
—¿De verdad? —le preguntó mordazmente—. ¿Entonces a qué
fuiste anoche a Londres?
—Me temo que eso no puedo contártelo —no quería decirle
nada hasta que todo estuviese atado y bien atado, por si acaso algo salía mal—.
Pero te prometo que no tiene nada que ver con Gimena.
Lali se separó de él con desprecio.
—No te creo. El día de nuestra boda Gimena me dijo que tú
la querías; me provocó para que te lo preguntara. Y últimamente se ha ocupado
de confirmarme que vuestra relación continuaba. No sé a cuál de los dos odio
más; me imagino que a ti porque ella nunca me gustó pero tú… tú…
Hizo una pausa y respiró hondo. Ya no había razón para
seguirle ocultando lo que había sentido por él durante toda su vida. Después de
todo, seguro que se había dado cuenta de lo enamorada que había estado de él
cuando era solo una adolescente.
Con repentina decisión, lo miró fijamente a los ojos y
habló con el corazón en la mano.
—Yo te adoraba, Peter. Te puse en un pedestal… Creía en ti
y tú… —tuvo que parar con el fin de no dar rienda suelta a sus emociones—.
Aparte de perder a mis padres, nunca he sufrido tanto como cuando me enteré de
que me habías engañado, que no eras la persona que yo creía.
A veces pensaba incluso que había sido aún más duro que la
muerte de sus padres porque al menos estaba segura de que ellos la habían
querido con toda su alma; pero con Peter nunca tuvo ese consuelo.
—¿De verdad crees que podría haber traicionado la
confianza de tu padre de esa manera?
—El amor puede hacemos traicionar todo lo demás —aquello
estaba despertando muchos recuerdos dolorosos que prefería haber mantenido
dormidos—. Lo que no consigo entender ni perdonarte es que estuvieras dispuesto
a casarte conmigo solo por la empresa, estando enamorado de Gimena. Y que me
mintieras de ese modo… Porque me mentiste, ¿verdad, Dracco?
—Sí —admitió él sin atreverse a mirarla—. Te mentí, pero
no en lo que tú piensas.
Oyó un grito ahogado y, al darse la vuelta, no vio más que
su sombra desapareciendo por el pasillo.
Era una completa imbécil, de otro modo no se entendía que
siguiera sufriendo tanto por él. Corrió instintivamente hasta la rosaleda en
busca de tranquilidad.
¿Cómo podía amar a un hombre capaz de mentir con tal
impunidad? Pero era así, lo amaba y nunca había sido de otra manera.
«¡No!» No podía ser cierto, aunque una punzada en el
corazón le decía que sí, que todo aquello era real.
Peter torció el gesto; no sabía si ir en busca de Lali y
hacerla escuchar lo equivocada que estaba, pero seguramente no lo escucharía.
Pensar que la estaba obligando a quedarse con él no hacía que se sintiera nada
bien; no quería tenerla en su vida si ella no lo deseaba; ni en su vida ni en
su cama.
Sonó el teléfono y, al contestar, Peter se dio cuenta de
que debía concentrarse en lo que le estaban diciendo y dejar de pensar en Lali
aunque solo fuera un minuto.
Un coche que ella no conocía se paró en la puerta de la
casa; pero sonrió al ver que se trataba de David Bryant, el abogado de Peter.
—¿Qué tal está su mujer? —le preguntó cuando él estuvo a
su lado.
—Pues muy embarazada —dijo riéndose—. Al menos ya no le
queda mucho para dar a luz. Quiere que Peter sea el padrino del niño; es que
vuestra historia le parece muy romántica. Espero que no te moleste que se lo
contara —añadió al ver que Lali estaba muy seria—. A mí me lo contó mi madre.
Ella le tenía mucho cariño a Peter y le encantó que él fuera a pedirle consejo
a mi tío después de la muerte del señor Vazquez. Mi tío sabía que tu padre le
había hecho prometer a Peter que no te diría lo que sentía hasta que cumplieras
los veintiún años. Pero claro, la muerte de tu padre había cambiado mucho las
cosas y necesitabas que alguien te ayudara. Por lo visto mi padre le aconsejó a
Peter que se casara contigo para poder protegerte —continuó la historia
eludiendo mirarla—. Mi madre siempre creyó que habías huido porque te había sobrepasado
el miedo y los nervios de la boda… pero para Peter debió de ser muy duro
perderte de aquel modo queriéndote como te quería.
En su voz se podía percibir un ligero tono de crítica
hacia el comportamiento de Lali.
—Al menos todo se ha arreglado entre vosotros. Mi madre
dice que estaba segura de que os reconciliaríais… Bueno, ¿está Peter en casa?
—preguntó de pronto algo avergonzado, tenía la sensación de haber hablado
demasiado.
A Lali le daba vueltas la cabeza como una peonza; lo único
que pudo hacer fue asentir y ver cómo se alejaba David camino de la casa.
Peter se levantó de la mesa de su despacho después de
varias horas pensando en el pasado; eso era todo lo que había hecho desde que
se había marchado David: pensar en el pasado y en el futuro. Había acabado
haciendo una lista de los pros y los contras que podría encontrar Lali para
decidir si seguir con él o no. Al final estaba claro que si pensaba desde su
perspectiva, lo mejor sería dejarla marchar, permitir que tomara sus propias decisiones
con total libertad.
En cualquier caso, lo que era obvio era que tenían que
hablar y que no podían seguir retrasándolo por más tiempo.
La encontró en su antiguo dormitorio, sentada junto a la
ventana como solía hacerlo cuando era casi una niña. Al oírlo entrar se volvió
a mirarlo, parecía tranquila.
Había ido allí directamente después de su conversación con
David Bryant, se había movido como en un sueño, necesitaba un refugio donde
pensar en lo que había oído. Lo que le había contado el abogado había cambiado
por completo su perspectiva de la historia.
No le resultaba extraño que su padre se hubiera dado
cuenta de sus sentimientos por Peter, de hecho ella nunca había hecho nada por
ocultárselos. Pero lo que había insinuado David de que Peter la amaba y la
había amado ya entonces…
«Pregúntale si hay alguna mujer a la que quiera», esas
habían sido las palabras de Gimena el día de su boda, y eso era exactamente lo
que había hecho ella, y Peter…
¿Sería posible que hubiera malinterpretado su respuesta?
Quizás la persona a la que se había referido Peter no era Gimena sino ella.
Solo con plantearse tal posibilidad el corazón de Lali había dado un salto
dentro de su pecho.
—Lali.
Respiró hondo y lo miró en busca de sus ojos, intentando
encontrar en ellos alguna pista que le indicara qué era lo que sentía; pero no
había nada. Tendría que confiar en su intuición.
—¿Por qué te casaste conmigo, Peter?
AY!Vamos alguno interprete algo bien!
ResponderEliminar